Sin definiciones. La contundencia del video del todavía presidente Marcelo Moretti no encontró correlato en una respuesta acorde desde la dirigencia. A hoy, ni siquiera se efectuó una reunión de CD. Tal vez no sepan qué decirnos.
MM está aferrado a la «licencia«, abrazado a una suerte de explosión controlada. Firma el 1 a 0 en contra y, de perdurar la ausencia de condiciones políticas e institucionales para que ocurra lo que debe ocurrir, se quedará en su casa sugiriendo (como vienen batiendo un par de alcahuetes a sueldo) que no es más que “una victima”. Así de perverso es el juego.
Si el oficialismo no le encuentra una salida estará contribuyendo a materializar esta imagen. Se debe avanzar en la destitución o renuncia; sin ello no se abre ningún abanico subsiguiente.
De más está decir que la gravedad de la situación hace chancletear a más de uno y evidencia que el voluntarismo como atributo único es poca cosa para ser dirigente (tan poca como “tener plata”). No hay talento, San Lorenzo tiene en el debe una clase dirigencial de estatura. Pero, más allá de lo que (des)hacen los dirigentes, la pregunta es por qué hacen lo que hacen.
Patear el tablero y salir del laberinto por arriba es para guapos pero ninguno es tonto. Nadie se separa de la esposa para casarse con su suegra.
Moretti, al igual que su antecesor, Matías Lammens, deja un club repleto de huecos y recovecos administrativos y legales que infunden prudencia hasta en el más codicioso.
A su vez quedó expuesto que no hay, en un sentido verdadero y objetivo, agrupaciones (no sellos). Hay aventuras individuales que van a elecciones para “llegar y pertenecer” burlándose de las chances estadísticas que ocurran coyunturas como las actuales donde el socio les va a pedir explicaciones.
Tampoco hay contrastes ideológicos entre las agrupaciones. Prometer la Vuelta a Boedo o el NO A LAS SAD ya es acervo compartido y palabrería común. No hay propuestas contundentemente diferenciales: así el consenso es “punto de partida” y no destino. Se aplaza la discusión, el disenso y todo se resume a cuánta plata tienen los candidatos y al acto de “fe” del socio de creerle a uno u otro. Las cosas no pueden salir muy diferentes a como vienen saliendo. A estos argumentos nos suelen responder con “preséntense de nuevo” o hagan silencio. Bueh… ninguno se subiría a un avión manejado por una tarotista, ¿no? ¿Por qué se animan a manejar a San Lorenzo? ¿Qué tal si cada uno aporta lo mejor de cada uno? Messi de arquero no sería Messi…
Ponemos en valor el empeño de que los líos de nuestro Club se resuelvan en los límites de nuestro Club. Sabemos de los esfuerzos de algunos integrantes de CD en que esto así sea. El sentimiento de acefalía le pegó un chiflido a los infieles, finalmente la silla vacía la ocupa el diablo y el diablo últimamente se asomó. Las SAD quieren comprar a la baja el aterrizaje en CASLA. La coyuntura pintada por el desánimo del socio, la ausencia de indomabilidad que nos supo caracterizar, una corrección política asfixiante (la estupidez de respetar los mandatos pese a que se carguen la institución) y el gran juego de apariencias subestimando al socio a la vez de culparlo por cómo vota redundan en condiciones propicias para fijar las malas prácticas de Moretti como derivadas de nuestra condición de Sociedad Civil. No nos jodan, el vino sin alcohol es jugo de frutas decían los abuelos.
Sabíamos que a Moretti no le daba la talla, que la anomia es el peor escenario para una institución, que amontonar no es sumar y que las listas deben reflejar contrastes suficientes para que el socio no deba votar como un acto de fe o creencia, que sólo tener dinero no implica tener talento y que el voluntarismo tiene los limites inherentes a sí mismo….
Nunca los problemas de San Lorenzo son exclusivamente económicos y financieros; de ser así sería más fácil la salida.